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domingo, 26 de julio de 2009

03. ¿Prevención o Paranoia?

Hace un par de meses que no logro ir a mi querida Bahía natal a pasar un día tranquilo en mi casa, comer en familia, jugar con mis perros, mirar TV con cable (léase, alguna serie de las que me gustan. “Friends”, infaltable.), charlar con amistades que quedaron allá y con las que sería todo un presupuesto hablar 5 minutitos diarios, salir a manejar con mi viejo, Rober, aunque sea dando la vuelta a la manzana y, por supuesto, por el simple hecho de escapar de la maldita Capital Federal que tanto me potencia el sentimiento de soledad.

En fin, si la montaña no va a Mahoma… mis viejos se vienen a Capital. Jeje. En realidad, surgió de pura casualidad por un curso que viene a hacer mi viejo, se sumó mi vieja a la joda y se vinieron en el Toyota Country nomás. De hecho, me avisaron el viernes a la nochecita para darme la sorpresa.

- ¿Tenés algún plan para mañana a la noche?, preguntó Tiz, o sea, mi vieja.
- No, no organice nada, ¿Por?
- ¿Nos recibirías a Rober y a mí?
- Si, obvio.

Salieron el sábado al mediodía, pasaron por Cnel. Pringles que todavía seguía con paisaje nevado para el disfrute visual y el registro fotográfico de la cámara digital, y llegaron a Capital a eso de las 18:30. Los espero abajo del edificio, subimos los bolsos, mi viejo lleva el auto a un estacionamiento, acomodamos el cuarto para armar las camas y, entre una cosa y otra, mi vieja me dice:

- Te traje alcohol en gel.

Y me muestra un frasco de Magistral que estaba lleno, aunque no con detergente en esta ocasión..

- Bueno, gracias. Buenísimo. (Y yo pensando en los 6 mangos que me gasté en comprar un pomito de porquería hace poquito.. en fin, qué se le va a hacer..)

Le sonrío en forma de agradecimiento y cuando estoy por hacer otra cosa, agrega:

- Y acá te traje para que puedas recargarlo.

Volteo la cabeza y la veo con un bidón de Alcohol en Gel marca Wassington de 5 litros.


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No sé si sigue la paranoia. (Je.) Pero lo que sí es seguro es que la gente no baja la guardia porque sigue asustada por la pandemia, o epidemia o como le quieras llamar, del virus H1N1; porque no encuentra barbijos y alcohol en gel en la farmacias, porque le tosen al lado, porque como es ejecutivo tiene que darle la mano a otro en una reunión, por un montón de razones… pero, sobretodo, porque en agosto se prevé otro pico y, si bien hay menos histeria (por lo menos en algún que otro medio de comunicación y en conversaciones con amigos), se sigue dudando de los números que dice el gobierno que hay: tanto de afectados como de muertos. Muchos minimizan el tema, incluso haciendo completamente lo opuesto a lo que se determinó como prevención. Pero así somos los argentinos, no?. O hay alarma total o no pasa nada.

viernes, 24 de julio de 2009

02. ¿Tiroiqué de qué?

Caída de cabello, uñas débiles, mayor cansancio y menos concentración que la de costumbre, familiares bajo tratamiento, y a esto le sumo algunos síntomas de anemia... En fin, todas son, seguramente, señales de problemas con la tiroides.

Hace mucho tiempo que vengo queriéndome hacer análisis de todo, para chequeo general y las ganas aumentaron al máximo por los síntomas anteriormente descriptos.

Pasó la mitad del 2009 y finalmente voy al laboratorio, entrego el recipiente con orina y la doctora me saca sangre. Con la paranoia de la gripe A, mi familia me recomendó que por el momento no haga la consulta sobre los tan esperados resultados. Ansiosa, nerviosa, con miedo de que sea algo más complicado que la tiroides... En fin, quería saber qué decían los papeles.

Después de un par de semanas, cuando se tranquilizó un poquito el tema del virus H1N1, voy a ver al doctor que atiende a toda mi familia. Primero atiende a mi tía porque se hizo análisis para controlar su tiroides, le modifico la dosis pero anda todo OK.

Ahora me toca a mí, me sudan un poco las manos, no puedo ver fijo al Dr., no sabía si decirle que se apure o irme a la mierda... De repente, el tipo, muy simpático por cierto, me dice: qué síntomas tuviste que te llevaron a hacerte estos análisis. Le explico. Hubo 1 segundo de silencio que se sintió más que 1 segundito, mientras miraba los números, para mí indescifrables, de los análisis.

Se para detrás de mí mientras me encuentro sentada en la silla del otro lado de su escritorio, me agarra del cuello, presiona sobre la glándula tiroides, y me dice: lo tuyo se llama Tiroiditis de Hashimoto. Estuve a punto de decirle: “Aja, ¿y eso qué carajo se supone que es?”, pero se ve que mi tía notó mi cara de susto y le preguntó qué era. A pesar de que me explicó sin demasiados términos médicos de por medio, no entendí demasiado porque estaba re nerviosa: fuese lo que fuese, tenía nombre.

Por ahora no estoy bajo tratamiento, pero en un par de meses me hago los análisis de nuevo y ahí veremos qué pasa.

Mientras tanto, vuelvo a estar ansiosa, nerviosa y con miedo..